El origen de GeboCan

Podríamos empezar así: «Un vikingo, Sartre y un perro entran en un Bar…». Sin duda suena como el comienzo de un chiste o de una historia un tanto extraña, pero en realidad este escenario nos sitúa frente a la esencia de GeboCan. Hoy quiero compartir por qué elegí este nombre y lo que representa para mí y para la visión que intento transmitir, y explicaros qué tienen que ver los vikingos, Sartre y los perros.

Gebo: El símbolo de la conexión y el intercambio 

El nombre ‘GeboCan’ está compuesto por dos elementos: ‘Gebo’, una runa de origen germánico, y ‘Can’, que hace referencia a los perros. La runa Gebo simboliza el regalo, la conexión, el equilibrio y el crecimiento mutuo. Representa el valor del intercambio que se produce cuando nos vinculamos con otros. La relación entre el perro y su tutor no es solo la suma de interacciones diarias, sino un vínculo que se desarrolla con el tiempo, generando un bienestar mutuo que transforma a ambos. Este fenómeno emergente implica que el valor de la relación va más allá de la suma de sus partes; se convierte en algo único que trasciende lo cotidiano, creando una conexión profunda que se nutre y evoluciona constantemente.

Una relación auténtica

¿Y dónde encaja Jean-Paul Sartre en todo esto? Sartre, una figura clave del existencialismo, decía que ‘la existencia precede a la esencia’: es decir, primero existimos y luego definimos quiénes somos con nuestras decisiones. Esta noción otorga un gran valor a nuestra autenticidad, como seres que se definen así mismos y a su mundo, sin necesidad de remitir a entidades o fenómenos externos, o extraños, para dotarla de sentido y relevancia. Del mismo modo, para mí, en la educación canina, esto significa valorar a los perros por lo que realmente son, sin imponer expectativas ni proyecciones de lo que les es ajeno. El perro es lo que es y en ello radica una increíble belleza. No necesitan ser más de lo que son para que nuestra relación con ellos sea algo singular y única. Una relación como ninguna otra que podamos establecer, por el momento, con ninguna otra especie. Esta autenticidad permite construir un vínculo donde ambos crecemos y nos enriquecemos mutuamente, encontrando un propósito compartido.

Autonomía, autenticidad y respeto

GeboCan nace entonces de la combinación de estos dos pilares: la conexión auténtica y el crecimiento mutuo. Por un lado, la runa Gebo nos recuerda que la relación con nuestros perros es un intercambio lleno de regalos: lealtad, aprendizaje, compañía y crecimiento. No es unidireccional; ambos, tutor y perro, se enriquecen mutuamente en un proceso de reciprocidad que da verdadero valor al vínculo. Por otro lado, el pensamiento existencialista de Sartre nos impulsa a asumir la responsabilidad de nuestra relación y a valorarla como una oportunidad para trascender nuestras limitaciones y desarrollar una conexión basada en la libertad, el respeto y el entendimiento mutuo. 

Para mí, educar no es simplemente enseñar comandos o modificar conductas; es fomentar una relación auténtica donde ambos, perro y tutor, se enriquezcan mutuamente. GeboCan simboliza esa idea: un lugar donde la educación canina se convierte en un proceso profundo y respetuoso, donde se celebra la autenticidad y el crecimiento compartido. Cada sesión es un regalo, una oportunidad de aprender y evolucionar, no solo para el perro, sino también para el humano que decide comprometerse en este viaje. Esta evolución, que se nutre de la autenticidad y del conocimiento técnico, permite que el vínculo sea sólido, equilibrado y profundamente significativo.

Así que, sí, los vikingos, Sartre y los perros tienen algo en común. Todos convergen en GeboCan, en esa filosofía de respeto, libertad y crecimiento mutuo que aspira a transformar la relación con nuestros compañeros caninos en algo único y lleno de significado. Así que no te sorprendas mucho si un día te los encuentras en un bar 😉

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